ENTREVISTA A LINCOLN
MAIZTEGUIPor Ana Jerozolimski.
Al Profesor Lincoln
Maiztegui no se lo puede presentar con una frase corta. Apasionado por la
historia (especialmente la nacional), el cine, la música, la actualidad
internacional… Escritor, docente, columnista en «El Observador» y
autor de numerosos libros, entre los que se destaca la serie
«Orientales» (cinco tomos). Es un entrevistado entusiasta y
enriquecedor.
Nos recibió hace un tiempo
en su casa. Esta es la primera parte del resultado de esa entrevista, que versó
sobre historia y presente de Uruguay, recuerdos personales y también sobre su
visión de la situación de Israel y sus vecinos.
Es imperioso aclarar que
la entrevista se realizó antes de las elecciones nacionales.
Al Profesor Lincoln
Maiztegui Casas, escritor e historiador, lo conocen bien sus alumnos, sus
lectores… y a mí me daba mucha curiosidad saber quién está detrás del nombre
de una personalidad tan multifacética. ¿Cómo te ves tú mismo? ¿Docente,
historiador, escritor?
Es muy difícil que yo te
conteste eso de una manera determinante. He sido docente y me siento sumamente
involucrado con esa actividad, de hecho estoy permanentemente rodeado de
muchachos jóvenes: algunos ex alumnos, hermanos menores de ex alumnos, me
rodean mucho. He sido ajedrecista, he representado a Uruguay dos veces en
competiciones olímpicas. Ahora lo tengo bastante abandonado, pero de alguna
forma sigo cerca del ambiente del ajedrez. Por supuesto la historia ha sido una
pasión de mi vida. Yo soy todo eso.
Y dentro de la historia
también has sido bastante multifacético, has escrito sobre Artigas, estuviste
al frente de la sección de Historia Americana de la Enciclopedia Universal
Grand Larousse… ¿Hay alguna época que te apasione en particular?
Sí, la historia nacional.
Creo que la historia nacional, sobre todo desde que yo tengo uso de razón, se
estudia bastante mal.
¿Por qué? ¿A qué te
refieres?
No mal, pero con una
cierta parcialidad. Las corrientes estructuralistas le dan más importancia al
Producto Interno Bruto, a lo que importaste o exportaste, etcétera; que a los
individuos, que son en definitiva los que hacen la Historia. La Historia no es
más que una entelequia que nos creamos de la interacción de los individuos.
Este enfoque hace que los muchachos odien la historia nacional, no sepan quién
fue Lavalleja o Rivera o tengan vagas aproximaciones, ni les vayas a preguntar
quién fue Lorenzo Latorre, o Aparicio Saravia incluso. Para mí es tremendamente
negativo.
Tuve la suerte de tener
espléndidos profesores de Historia tanto en el Colegio Pío, donde hice mi
formación elemental y parte de la Secundaria, como posteriormente en el
Seminario, donde fui alumno de Carlitos Pittaluga Vidal, uno de los grandes
docentes de Historia de este país. Y recuerdo siempre que Carlitos nos
insistía: no se olviden de los personajes, del protagonista, la Historia es lo
que sucede en torno al protagonista. Eso es de alguna manera lo que yo he
intentado rescatar en mis libros de Historia. No inventé nada, no hice más que
recoger a los clásicos y la visión que tenían (Francisco) Bauzá, Eduardo
Acevedo hasta el propio H.D. (Hermano Damasco), que era un francés que llegó
con 19 años a Uruguay y se convirtió en el pedagogo de historia más importante
de la historia de la historiografía uruguaya. Eso es lo que más me ha atrapado
a lo largo de mi vida y aquello a lo cual me he dedicado.
Es una observación
interesantísima esa de que han cambiado los tiempos. Cuando tú lo haces
diferente ¿es por tu impronta especial, no por una directriz de arriba?
Es una idea mía. A mí me
encantaba porque vengo de una familia de gente que amaba la historia. Cuando yo
tenía ocho o diez años mi abuela me contaba que en la revolución de 1910, con
la que los blancos amagan pero no logran lanzar, ella se quedó sola en el medio
del campo en una estancia, porque su marido se fue a la revolución, y de noche
sentía que «avanzaban los perros», como decía ella, y embarazada como
estaba sentada en el sillón frente a la puerta con el revólver se pasaba la
noche en vela. Cuando te cuentan esas cosas desde que sos niños, no te olvidas
nunca más. A partir de ese momento yo hice carne en mí que lo más importante de
la Historia son los seres humanos, son los personajes.
¿Uno puede enseñar la
Historia como le parece más adecuado?, ¿tú pudiste siempre enseñarla así?
Yo particularmente sí,
por individualismo, porque nunca admití que me coartaran ese aspecto. Tampoco
estoy diciendo que las posturas estructuralistas de la Historia, aquellas que
hacen énfasis en los aspectos sociológicos y económicos, no sean importantes:
son importantísimos, pero no pueden sustituir al protagonista. Preguntale a
cualquier chico que haya terminado el liceo quién fue Juan Campisteguy,
presidente de Uruguay entre 1926 y 1930, era presidente durante el Mundial de
1930, un tipo exitoso, y no tienen ni idea porque no se lo enseñaron. Cuando tú
sacás al protagonista perdés la sal de la historia, aquello que realmente lo
hace apasionante e interesante, y que te permite coincidir o discrepar
profundamente con alguna personalidad histórica.
Me hacés acordar al
profesor Enrique Mena Segarra, me imagino que lo conociste…
Claro, con Enrique no
sólo fui gran amigo, sino que además presentó Orientales I.
Él también contaba mucho
del color de la historia, hasta los chismes se sabía, y de eso los chicos no se
olvidan nunca.
Y eso es lo que le da
interés a la Historia. Yo veía que mi éxito como docente en Historia venía por
ahí, porque les contaba a los gurises muchas anécdotas, muchas cosas con las
que se podían sentir identificados o no. Claro, el hecho de que haya aparecido
toda una corriente historiográfica que haya dejado todo eso muy de lado hizo
que se perdiera interés en la historia nacional.
Me imagino que se pueden
llenar libros enteros con esas anécdotas. ¿Hay anécdotas que son tus
preferidas, que pueden pintar de cuerpo y alma a alguno de los personajes que a
ti te parecen más interesantes de la historia nacional?
Yo creo que sí, tendría
que pensar en alguna en concreto. Pero por ejemplo, Artigas… Hace unos años
El Cuarteto de Nos sacó «El día que Artigas se emborrachó», que fue
horrorosamente rechazado por los que teníamos determinada edad como una cosa
guaranga, irrespetuosa, estúpida y los chiquilines la celebraron y se reían, y
cuando me querían hacer entrar a mí me la cantaban. Un día hablando con mi
amigo Gerardo Caetano me decía: ¿sabés por qué?, porque han convertido a
Artigas en parte del establishment, una figura ideática, de bronce, siempre
pronunciando palabras para la posteridad. Le quitaron su humanidad, el hecho de
que Artigas era el mejor bailarín de su tiempo, de que tocaba la guitarra y
cantaba muy bien, que tocaba el acordeón y el piano, usaba el pelo en una
trenza que le caía hasta el suelo antes de ser blandengue, y era, como decían
algunos contemporáneos, una persona siempre rodeada de jóvenes alucinados que
lo seguían. Ahí empezás a tener una visión del caudillo, de por qué tuvo el
atractivo que tuvo.
Qué linda descripción…
También Ana Ribeiro me lo «pintó» a Artigas de esa forma, como hombre
no sólo como líder… En esa entrevista hablamos mucho de Artigas, pero dejaré
esa parte para publicar, aunque sea en unos meses, en el próximo aniversario de
su natalicio, porque creo que será una linda forma de homenajear su memoria.
¿Hay figuras de la historia nacional que te parezcan subvaloradas?
Hay muchas figuras
subvaloradas. Si tengo que señalar a una señalaría a Bernardo Berro, presidente
entre 1860 y 1864, para mí, una personalidad de extraordinario vuelo
intelectual. Tal vez, como dice algún historiador por ahí, el gran ideólogo de
la nación. Fue presidente de la República, tuvo problemas con la Iglesia
Católica, estuvo excomulgado. Término de nacionalizar los cementerios y ordenó
que se enterrara a un ciudadano en San José que el cura no permitía que lo
enterraran porque había sido masón. Nombró al padre (Juan José) Brit como
párroco de la Iglesia Matriz haciendo valer el derecho de patronato que tenían
los reyes de España, que es muy discutible que lo hubieran heredado los
presidentes de las Repúblicas independientes.
Pero sobre todo fue una
personalidad de extraordinario vuelo intelectual. Tú leés la polémica que
mantuvo con Manuel Herrera y Obes, pocos años antes de ser presidente, y es de
una actualidad impresionante. Yo le tengo una gran admiración a Berro.
¿Fue considerado un buen
presidente en su momento?
Es muy discutido,
justamente, Zum Felde por ejemplo en «Proceso histórico del Uruguay»
prácticamente lo ignora. En los últimos años está muy reivindicado.
Es un hombre que
establece el voto secreto en 1860 y pico para las elecciones municipales, y
pierde las elecciones. Eso quiere decir que él no hizo los famosos tongos de
aquellos tiempos en los que los jefes políticos de los departamentos agarraban
la urna, se la llevaban para su casa y cambiaban todos los votos. En ese
sentido es una personalidad sumamente reivindicable, algunas de cuyas ideas
están vigentes todavía. Por ejemplo su preocupación por la penetración cultural
de Brasil por el norte que lo llevó a fundar la ciudad de Rivera, o Ceballos
como se llamaba en esa época, sigue siendo un problema: tú vas a Artigas, a
Rivera, Cerro Largo y se habla portuñol, eso él lo veía ya en el siglo XIX.
Tampoco parecía lógico que fuera la Iglesia Católica quien tuviera el monopolio
de la enseñanza, que la iglesia influyera en la enseñanza, de acuerdo, te lo
digo yo que he sido toda la vida alumno del colegio católico, pero que tuviera
el monopolio no.
Claro, en un país laico
como Uruguay.
Lógico. Él da pasos
importantes a favor del laicismo.
LA HISTORIA Y LA
ACTUALIDAD
¿Hay en la historia
nacional ejemplos, situaciones con las que lidiaron presidentes de la República
en diferentes momentos, que dirías: valdría la pena que el próximo presidente
los tome en cuenta?
¡Qué pregunta! Creo que
todo gobernante de este país debería tener la conciencia de que su visión del
país y del mundo es parcial, y que la visión del país se compone de una serie
de pequeñas visiones, muchas veces contradictorias, que se deben unir. No creer
que lo que yo creo es necesariamente la verdad: eso sería lo que yo le
aconsejaría a cualquier presidente de cualquier partido.
¿Cómo es tu resumen de la
gestión del Frente Amplio y de esta presidencia de (José) Mujica?
Pésima, mejor la de
(Tabaré) Vázquez que la de Mujica. Creo que el Frente Amplio no ha afrontado
adecuadamente los problemas graves históricos que Uruguay tiene. Por ejemplo,
el excesivo costo del Estado, que lejos de bajarlo lo ha aumentado; la deuda
externa, que el ex presidente del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle,
aprovechando circunstancias internacionales favorables, había bajado al mínimo
ha vuelto a subir de una manera tremenda; la tierra sigue estando en pocas
manos, las famosas 500 familias de Vivian Trías, no se ha hecho la reforma
agraria que este país necesita; no se ha hecho una buena reforma urbana,
fundamentalmente para Montevideo. Entonces: ¿qué han hecho bien, más que
aprovechar el viento a favor que la economía internacional ha tenido porque
India y China se incorporaron al mercado de compra de nuestra producción?
Pero yo creo que desde el
punto de vista económico, si al ciudadano promedio le preguntás cómo está te
dice que hace muchos años que no estaba tan bien.
Claro, ¿pero eso es
mérito del gobierno o mérito de la situación? Yo creo que es fundamentalmente
mérito de la situación. Lo que quiero decir con esto es que cuando la ola
favorable pase, que ya está pasando, van a quedar los problemas vigentes en una
situación mucho menos favorable para afrontarlos. Ahí tenemos un serio
problema.
Hay un conjunto de
problemas que el Frente Amplio no solamente no ha solucionado sino que en
algunos casos ha tendido a agravar. Por ejemplo el Plan de Equidad, eso de
darle dinero a la gente marginal sin pedir contraprestaciones, me parece uno de
los errores más graves que se han cometido, porque es una forma ideal de
perpetuar esa situación.
Y claro que hay otras
cosas. Alguien tiene que meterle mano de una vez por todas a la educación, a la
seguridad y a la inserción del país en el siglo XX, tanto en los niveles
latinoamericanos como internacionales. Para mí eso es de fundamental
importancia.
POR ISRAEL, CONTRA EL
INTEGRISMO
Tú has escrito más de una
vez sobre Medio Oriente, analizado temas de política internacional. ¿Cómo se ve
desde Uruguay, lejano geográficamente de aquellos lares?
Te digo mi actual
posición, después de haber sostenido durante muchos años una posición que desde
luego no era antisemita pero sí antisionista, diciendo que el sionismo privaba
a los palestinos de su patria, etcétera…
Así lo veías antes…
Estoy ruborizado de haber
dicho tanta imbecilidad y tanta idiotez. Hoy en día mi identificación es total
con el Estado de Israel, porque es mi Estado, mi cultura occidental, racional,
laica, con el Estado por un lado y la religión por otro, que está amenazado por
el integrismo, que en este momento está representado por el islamismo. No tengo
nada contra el islamismo tengo contra el integrismo, cualquiera que sea,
musulmán, judío o católico. En ese sentido creo que el Estado de Israel, la
única democracia digna de ese nombre en Medio Oriente, es el punto de
resistencia de una ola que ya ha llegado a Europa y que, en caso de continuar,
puede liquidar lo que han sido 2.000 años de historia tendente a liberar el
pensamiento humano de las condicionantes religiosas.
Los que crean que si
mañana el Estado de Israel desaparece arrasado por la oleada integrista la cosa
se va a detener ahí, están muy equivocados.
Pienso que en este
momento nuestra civilización occidental, racionalista, de origen helénico,
judeocristiana, está violentamente amenazada por la más grave amenaza que ha
tenido a lo largo de toda su historia. Voy a decir algo que parece de ciencia
ficción: si tú le decías a un romano del siglo I o II A.C.: «esta ciudad a
la cual llegan todos los caminos, que es el centro de la cultura mundial, que
es la patria de Virgilio, Horacio y Ovidio, que es el centro de la cultura
mundial, dentro de 500 años va a ser prácticamente una ruina y todo lo que
nosotros vemos hoy en día como índice de civilización va a verse retrogradado
de una manera brutal ante el impulso del fanatismo religioso», lo que fue
la Edad Media, el tipo se hubiera reído. Yo tengo miedo de que a nosotros nos
pase lo mismo, que estemos al borde de una nueva Edad Media y no seamos capaces
de darnos cuenta. Eso me ha convertido en un defensor acérrimo del Estado de
Israel, más allá de los errores que puedan cometer los respectivos gobiernos,
como todos los gobiernos del mundo. Creo que es el punto más avanzado que
tenemos en Medio Oriente de nuestra civilización occidental laica y
racionalista.
¿Llegaste a ese vuelco a
raíz de un análisis renovado de la situación o por un hecho puntual?
Por varios hechos puntuales,
por haber vivido en Europa durante 17 años, por haber tenido relación con gente
de diversas maneras de pensar y por encontrarme con que es imposible razonar
con un integrista.
¿Has tratado?
Sí, absolutamente.
Recuerdo una conversación que tuve con un chico libio que me decía que él creía
que la solución ideal para los problemas de Medio Oriente era que los
representantes palestinos y los israelíes se sentaran en una mesa, negociaran y
se llegara a una solución; y yo decía: «¡Pero qué muchacho inteligente!,
¡qué postura centrada!». Y de repente me dice: «Lamentablemente eso
no va a ser posible», le pregunto por qué y me dice: «porque en el
Corán está escrito que no va a ser así, que Israel va a ser arrasada».
Su interpretación
particular del Corán era así, entonces, ¿cómo vas a razonar con una persona que
parte de esa base? Casos similares me fueron sucediendo a lo largo de mi vida y
me fui dando cuenta de que, más allá de los valores humanos que cada persona
pueda tener, aquellos que creemos en la fuerza de la razón tenemos que estar
del lado de Israel y contra los integrismos religiosos de todo tipo.
Y en los términos
relacionados al conflicto entre Israel y los palestinos, ¿necesariamente es a
favor de un lado, o quizás para apoyar a ambos?, ¿el tema pasa por algo similar
a lo que aquel libio decía al principio?
Yo creo que sí. El
problema está en que cuando el gobierno de Israel en tiempos de (Ehud) Barak le
hace a los palestinos, todavía dirigidos por esa figura lamentable que fue
Arafat, una propuesta difícilmente mejorable, Arafat por una serie de
condiciones absolutamente absurdas, que por más torpe que fuera tiene que saber
que no podían ser aceptada por Israel, y la cosa no funciona.
Dijo que no,
concretamente.
Directamente que no, que
tenían que volver todos los que habían emigrado desde la fundación del Estado
de Israel, lo cual era una cosa completamente imposible. Por consiguiente a mí
me da la impresión de que en este momento el problema principal que existe en
todo el mundo para mantener y desarrollar la sociedad racionalista, de la cual
nosotros históricamente formamos parte, es el integrismo islamista.
Tengo amigos europeos que
me cuentan cosas espeluznantes que están pasando en Europa, en Marsella por
ejemplo hay lugares donde dicen: «A partir de este momento en este lugar
se aplica la sharia». ¿Y dónde está el Estado racional que aplica la misma
ley para todos los ciudadanos, que cumple con los presupuestos democráticos? A
mí me parece que es un problema realmente muy, muy grave.
¿Te parece que Uruguay
está a salvo?
Por el momento está
lejos. Hay comunidades islámicas integristas en el Chuy, pero son muy pequeñas
todavía. A mí me parece que América Latina en ese sentido está todavía un poco
alejada de ese problema, pero va llegar, o se detiene o va a llegar.
Porque aparte Irán es muy
activo en América Latina.
Desde luego, mirá
Venezuela, es una cosa tremenda. Uruguay -que tiene una tradición tan hermosa
respecto a lo que fue la creación del Estado de Israel, con Enrique Rodríguez
Fabregat, etcétera- tiene que ser punta en ese tipo de combate, cosa que este
gobierno desde luego no está haciendo.
HUIR DE LA DICTADURA,
LIBIA… Y LA ESCUELA INTEGRAL
Lincoln, tú tuviste que salir
al exilio durante la dictadura… A mí me contaba un amigo que te tuvo de
profesor aquella historia de cuando te tuviste que ir… el concurso en
Libia…. contame un poco de eso.
Esa fue una cosa que
algunos amigos míos judíos nunca terminaron de entender. Yo estaba en una
situación económicamente muy precaria en Uruguay, me habían echado de la
enseñanza pública, tenía algunos grupos en colegios privados. En 1976 la
Federación Internacional de Ajedrez decidió realizar las Olimpiadas de Ajedrez
en Tel Aviv, entonces los árabes declararon el boicot y organizaron una
contra-olimpiada, no era que coincidía la fecha: se llamaba «Chess Counter
Olympiad», en Trípoli, Libia. Pagaban los pasajes de todo el equipo, la
estadía y todo lo demás. Yo lo vi como una manera de irme de este país.
Sin entrar en el fondo
del problema recuerdo que constituimos una asociación de ajedrecistas uruguayos
con un grupo de amigos que estábamos más o menos en una situación similar y
conseguimos ser invitados a Trípoli. Viajamos, jugamos el torneo y yo ya me
quedé en Europa y no volví.
Tú viajaste ya con la
intención de quedarte afuera.
Sí, absolutamente. Viajé
con mi hermano Eduardo y un íntimo amigo, Felipe Tosán, los dos se quedaron en
España, el único que se volvió fui yo.
En la Escuela Integral
Hebreo Uruguaya pensaron que te habías ido a Libia porque la preferías sobre
Tel Aviv.
Exactamente. Cuando
decimos la Integral exageramos, porque mis alumnos me creyeron siempre. Uno de
ellos le dijo al director «si yo hubiera podido ir, también hubiera
ido», es una de esas cosas que uno cuenta y se emociona. Lo concreto es
que ellos lo miraron como que en una pulseada entre Israel y uno de los países
árabes, yo, profesor de la Integral, había tomado postura en favor de los árabes.
No era así, era simplemente mi oportunidad de irme de viajar afuera de este
país.
Mantuviste contacto con
alumnos de la Escuela Integral, ¿no?
Siempre, cuando iban a
Barcelona se quedaban en casa, con Jorge Tocar hicimos un viaje a lo largo de
España, estuvo Ariel Gold en casa… Siempre mantuve, y los chiquilines me
guardaron una fidelidad y un cariño que son esas cosas que no se olvidan.
Me contaba Ariel Gold
justamente que mantenían ese contacto y que a ti te preocupaba ver cómo
ladictadura influía, directa o indirectamente, sobre los jóvenes.
Pero claro… Este país
se ha retrogradado culturalmente por muchas razones, entre otras cosas porque
los medios modernos de difusión -computadora, televisión a color, etcétera- han
hecho que se lea mucho menos. Pero pienso que en Uruguay en concreto la toma
por asalto de la enseñanza por parte de la dictadura, con la expulsión de los
profesores que no eran incondicionales del régimen, donde se encuentra gente
como el propio Mena Segarra o Alfredo Traversoni, que era dirigente colorado,
para poner a las señoras y a los hijos de los militares, ha sido fatal para los
niveles de enseñanza de este país.
Ahí empezó el deterioro.
Yo creo que sí, o por lo
menos contribuyó mucho.
GRITANDO UN GOL DE
PEÑAROL
Lincoln, se sabe que sos
un bolso a muerte, hasta tu mail empieza con bolsilludo, pero pudiste gritar un
gol de Peñarol, ¿cómo fue eso?
Grité, y lo confieso sin
ninguna vergüenza, el gol de (Diego) Aguirre contra un equipo colombiano
(América de Cali) que le permitió a Peñarol obtener su último título
intercontinental, su última (Copa) Libertadores. Yo estaba solo en Madrid,
hacía años que no sabía nada del fútbol uruguayo, transmitieron ese partido en
horas de la madrugada y de alguna forma me empezó a tocar el gusanito
patriótico. Al ver al relator colombiano de alguna forma baboseaba y daba ya
como un hecho que el equipo de su país era campeón, fui levantando un poco la
presión, diciendo: «¿Y éstos a quién le ganaron alguna vez?».
Entonces se dio la circunstancia de que cuando el partido estaba a punto de
terminar el individuo comenzó a hacer una cuenta regresiva: diez, nueve,
ocho… tres, dos, uno, y gol de Aguirre, y ahí lo grité. El error que cometí
fue contarlo, hay una cantidad de gente que me dice: «vos no sos bolso
porque gritaste un gol de Peñarol».
Fue el exilio que te
llevó a eso.
Pero claro, lógico, es
algo completamente diferente, en el exilio no tenés hinchas de Peñarol para
tomarles el pelo, estás en un ambiente diferente.
UN RESUMEN PARCIAL… ANTES
DE LOS 120
¿Hay muchos sueños
todavía para concretar?
No se puede soñar mucho
con 71 años.
¿Cómo no?, ¡con esa
polenta!
Tengo mis proyectos, este
año saco dos libros, uno en realidad porque el otro es uno rehecho, aumentado.
Los cinco tomos de Orientales tenían un punto un poco más flaco que los demás,
que era el Tomo I, que lo había hecho como apuntes de clase para mis alumnos.
Lo llevé a la editorial, les gustó, me dijeron que si terminaba la historia
nacional me lo publicaban. Yo dije que sí, al principio iban a ser dos tomos,
después fueron tres, cuatro y terminaron siendo cinco. Pero el primero quedó
siempre un poco más corto, más pobre, más esquemático que las demás. Lo
reescribí.
Después está un libro con
mis crónicas de cine. Yo soy un viejo cinéfilo y, sobre todo desde que volví en
1992, he escrito mucho sobre cine, he visto mucho cine. Ahora reuní una serie
de notas respecto al cine, que era el gran entretenimiento de mi generación.
Tuve la suerte de conocer a Homero Alsina Thevenet, de cuyo hijo soy amigo,
Andrés Alsina, a (Antonio) «Taco» Larreta, que todavía vive, a
Gustavo Adolfo Ruegger, que murió hace relativamente poco. Era gente realmente
muy versada desde el punto de vista cinematográfico, Lucien Mercier, que
escribía en Marcha y no sé qué se hizo de la vida de él. En base a eso, cuando
volví en 1992 y empecé a trabajar en El Observador, escribí mucho sobre
directores de cine, estilos, escuelas de actuación y dirección, sobre la música
cinematográfica, que es una cosa que me ha interesado muchísimo, y este año se
me ocurrió reunir todo eso en un libro, acompañándolo un poco con la relación
de toda mi vida y publicarlo. Esos son los planes que tengo en este momento.
Cuántos intereses
variados.
De veras, sí.
Entiendo que te sientes
un «músico frustrado»…
Lo del músico frustrado
es una de esas cosas que uno lleva sobre la humanidad toda la vida. A mí
siempre me ha encantado la música, quizá sea mi auténtica vocación. Por un lado
me faltó apoyo en mi casa, pero también algún punto de decisión en mí para
dedicarme la música. Pese a ello escucho mucha música y creo que mi mejor libro
es la biografía de Mozart.
La música, el cine… ¿Te
sentís completo con todo eso?
Completo uno nunca se
siente. Me gustaría haberme dedicado más a tener conocimientos un poco más
específicos, en primer lugar sobre la ciencia, no en balde me fui todos los
años a examen de matemáticas y dibujo, y en segundo lugar me hubiera gustado
especializarme más en algo, no tener un espectro tan amplio de intereses sino
profundizarlo más en algo en concreto. Pero eso quedará para otra vida, si es
que existe.
Haciendo historia
03/Dic/2014
Montevideo Portal